Beneficios al hábitat

La mejora del ecosistema restaurado

Vida vegetal · Vida animal · Vida invertebrada · Los tres componentes biológicos que responden a la restauración

Restaurar un ecosistema no es solo plantar árboles. Es recuperar la composición, la estructura y la función de un bosque mediterráneo completo. Eso significa que, además de la vida vegetal que el proyecto introduce deliberadamente, se produce una segunda capa de mejora ecológica: la que traen por sí mismas la vida animal y la vida invertebrada cuando el hábitat vuelve a ofrecer lo que necesitan. Esta es la parte más silenciosa del proyecto, pero probablemente la más indicativa de que la restauración está funcionando.

Vida vegetal

El componente más visible de la restauración. Once especies autóctonas del piso termomediterráneo semiárido configuran el catálogo estable del proyecto: pino carrasco, pino piñonero, ciprés de Cartagena (hábitat prioritario 9570* de la Directiva Hábitats 92/43/CEE), algarrobo, encina, coscoja, romero, lavanda, adelfa, retama y efedra. Por encima del catálogo planificado, lo que empieza a producirse a partir del tercer o cuarto año es el reclutamiento espontáneo: plántulas de especies que nadie plantó y que aparecen porque el sustrato restaurado ya lo permite. Ese es el indicador más claro de que la restauración funciona.

Vida animal vertebrada

La avifauna es la primera fauna que regresa a un emplazamiento restaurado, seguida por los reptiles mediterráneos y los pequeños mamíferos autóctonos. El proyecto instaló 100 cajas nido para avifauna insectívora en 2023 y mantiene un registro sistemático, en coordinación con colaboradores ornitológicos locales, de las especies que empiezan a reaparecer en cada emplazamiento. La incorporación de Salinas de Calp en 2025 añadió una categoría completamente nueva: la avifauna acuática del humedal RAMSAR, con especies como flamencos, cigüeñuelas, chorlitejos, ánades y limícolas.

La avifauna periurbana no se reintroduce. Viene sola cuando el hábitat vuelve a ofrecer lo que necesita. Por eso sigue siendo el mejor indicador de que una restauración está funcionando.

Vida invertebrada

El componente menos visible y, paradójicamente, el que más rápido responde a la restauración. El proyecto mantiene desde 2023 un subproyecto específico de control biológico integrado con sueltas anuales de más de 200 mariquitas autóctonas (Coccinella septempunctata y Adalia bipunctata, con exclusión explícita de la invasora Harmonia axyridis) producidas conforme a la norma europea EPPO PM 6/3. El objetivo es doble: por un lado, generar una presión depredadora natural sobre los áfidos y otros fitófagos del arbolado joven; por otro, reducir específicamente la población de Tomicus destruens, la plaga forestal objetivo del subproyecto, que se vuelve masiva tras los episodios prolongados de sequía.

Los polinizadores (abejas, avispas, sírfidos y mariposas) aparecen masivamente en la primera primavera posterior al esparcimiento de la Pradera Mediterránea Mixta. Las hormigas autóctonas, como dispersoras de semillas, funcionan como sistema natural de ampliación del banco de semillas del suelo. Los arácnidos beneficiosos cierran el ciclo con control biológico natural sobre los fitófagos más pequeños.

La mejora del ecosistema no aparece en las fotografías de las jornadas. Aparece en los meses siguientes, en el canto de las aves al amanecer, en las mariposas que antes no estaban, en las plántulas que empiezan a salir sin que nadie las haya plantado. Es la parte silenciosa del proyecto, pero es la que confirma que la restauración ha funcionado.

Beneficios para la salud pública

Infraestructura verde urbana como determinante de salud · regla 3-30-300 de la OMS

En 2021 el silvicultor urbano Cecil C. Konijnendijk sistematizó la regla 3-30-300, adoptada desde entonces por la Oficina Regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud. La regla establece tres requisitos simultáneos para un acceso equitativo a la infraestructura verde: cada persona debe poder ver al menos tres árboles desde su ventana, cada barrio debe tener un mínimo del 30 % de cubierta vegetal, y nadie debe residir a más de 300 metros de un espacio verde público de al menos media hectárea.

El estudio de Iungman y colaboradores publicado en The Lancet Planetary Health en 2023 cuantificó el impacto sanitario de esta regla: si todas las ciudades europeas cumplieran el estándar de proximidad a espacios verdes, se evitarían aproximadamente 43.000 muertes prematuras cada año. La Agencia Europea de Medio Ambiente estimó en 2022 que menos de la mitad de la población europea vive a menos de 300 metros de un parque público.

Los cinco emplazamientos del proyecto prestan servicio de proximidad a más de 53.000 residentes en los núcleos de referencia inmediatos y se configuran como destino periurbano accesible para más de 601.800 personas en el conjunto de la conurbación Alicante-Calp.

Aplicados a los aproximadamente 40.000 habitantes del arco norte de Alicante con exposición residencial frecuente al proyecto, los factores de mejora documentados en la literatura científica revisada por pares se traducen en los siguientes beneficios potenciales:

Estos beneficios no son hipotéticos. Responden a un corpus creciente de evidencia científica que vincula la exposición residencial a infraestructura verde urbana con indicadores cuantificables de salud física, mental y social, desde la reducción de la mortalidad por todas las causas hasta la mejora del desarrollo cognitivo infantil, pasando por la reducción del riesgo de depresión, ansiedad, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular.

Transformación paisajística

El paisaje que ve un vecino de Villafranqueza en 2026 no se parece al que veía en 2014

La transformación paisajística del proyecto es, quizás, su activo más visible y también el más difícil de comunicar. No se mide en tablas. Se mide subiendo un sábado al monte, sentándose en la ladera norte de Orgegia y mirando durante diez minutos lo que hace veinte años era un campo de cultivo abandonado, después un matorral raso con erosión laminar activa, y hoy es un bosque mediterráneo en desarrollo con tres estratos establecidos, avifauna periurbana y senderos de uso familiar.

La fórmula funciona porque respeta la estructura funcional del bosque mediterráneo maduro. Plantamos agrupaciones sintéticas que reproducen las relaciones ecológicas entre especies: el algarrobo como especie nodriza fijadora de nitrógeno; el pino carrasco como pionera rápida que genera sombra y estructura; el romero, la coscoja y la efedra como estabilizadores del suelo; y la pradera mediterránea mixta cerrando el ciclo con cobertura horizontal que reduce la erosión laminar y atrae polinizadores desde el primer año.

Donde había suelo desnudo, escombros y matorral degradado, hoy hay bosque mediterráneo vivo, plantado mano a mano por más de 18.500 ciudadanos a lo largo de doce años ininterrumpidos.