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Concienciar es importante, pero no puede ser el único resultado de la sostenibilidad

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Los discursos son necesarios para concienciar, pero cuando sustituyen a la acción se convierten en un espejismo verde. En Alicante, un proyecto demuestra que otra sostenibilidad es posible.

La sostenibilidad que se queda en el escenario

La sostenibilidad se ha convertido en un tema recurrente en la comunicación empresarial, aunque no siempre con resultados tangibles. La Comisión Europea detectó en 2021 que el 42 por ciento de las declaraciones ambientales online eran exageradas o engañosas. En 2024 elevó la cifra al 53,3 por ciento. La encuesta de Harris Poll para Google Cloud concluyó que el 91 por ciento de los directivos reconoce que su empresa ha incurrido en greenwashing. Con este panorama, resulta evidente que parte del discurso corporativo sobre sostenibilidad se apoya más en la intención comunicada que en la acción comprobable.

Los foros y congresos de sostenibilidad, que deberían servir como motor de avances, suelen representar bien esta contradicción. Son espacios útiles para sensibilizar, pero con demasiada frecuencia el evento se convierte en el objetivo final. No es extraño ver presupuestos de treinta mil a ciento cincuenta mil euros destinados a un solo encuentro sin que exista después una sola hectárea restaurada ni un proyecto ambiental ejecutado. Diversos análisis del ámbito ESG indican que menos del diez por ciento de las empresas que acuden a estos foros emprenden alguna acción ambiental concreta en los meses posteriores. La mayor parte se limita a actualizar su relato corporativo.

Cuando el territorio no espera

Mientras la conversación crece, el territorio retrocede. España perdió ochenta y cuatro mil hectáreas de bosque en 2022 debido a los incendios según EFFIS y el Ministerio para la Transición Ecológica. Más de tres millones y medio de hectáreas sufren erosión severa. Alicante es, según el Programa de Acción Nacional contra la Desertificación, la provincia con mayor riesgo de todo el país. Más del setenta y cinco por ciento de su superficie está clasificada en riesgo alto o muy alto. Esta realidad obliga a reflexionar sobre la utilidad real de las inversiones en sostenibilidad que no generan impacto físico.

La restauración tiene, además, un valor cuantificable que pocos incorporan en sus decisiones. Un informe del Joint Research Centre indica que España pierde suelo fértil a un ritmo superior a las trece toneladas por hectárea al año, con un coste económico que supera los seiscientos millones de euros anuales. La degradación del territorio no es una abstracción; es una pérdida económica constante.

Por qué no tiene sentido dedicar el cien por cien del presupuesto a concienciación

Reforestar una hectárea en España cuesta entre dos mil y seis mil euros según TRAGSA y la Sociedad Española de Ciencias Forestales. El presupuesto habitual de un foro de sostenibilidad podría restaurar entre siete y veinte hectáreas degradadas. A pesar de ello, la mayoría de las empresas dedica casi todo su presupuesto ambiental a presentaciones internas, comunicación corporativa o cursos formativos que no generan un impacto concreto sobre el terreno.

La Unión Europea ha confirmado este desequilibrio mediante la Directiva de Green Claims. Esta norma obligará a cualquier empresa que declare un compromiso ambiental a demostrarlo mediante datos verificables, metodologías claras y evidencias auditables. La directiva marca un punto de inflexión: cualquier mensaje ambiental deberá corresponderse con acciones reales y observables.

Aquí es necesario añadir un caso real que refleja de manera precisa la cultura que intentamos cambiar. En 2024, una empresa tecnológica que factura varios millones de euros anuales nos propuso realizar gratuitamente una recuperación ecológica completa para presentarla como acción ambiental propia. A cambio, ofrecían entregarnos un premio simbólico en su stand en IFEMA. No contemplaban invertir ni un solo euro en restauración, pero sí querían presentarse públicamente como una empresa comprometida con el medio ambiente. Este episodio no es solo llamativo. Es revelador. Representa la máxima expresión de un modelo donde la visibilidad pesa más que el impacto y donde se solicita un beneficio reputacional sin asumir responsabilidad alguna.

Este tipo de propuestas demuestra por qué es imprescindible que las empresas destinen al menos el cincuenta por ciento de su inversión ambiental a acciones reales. La comunicación seguirá siendo necesaria, pero no puede sustituir a la acción. Sin proyectos ejecutados, la sostenibilidad no pasa de ser un relato vacío.

Además, el retorno ambiental de la restauración es medible. Recuperar suelo, aumentar biodiversidad, fijar carbono y mejorar la regulación hídrica genera beneficios inmediatos para el territorio. La comunicación, en cambio, sólo genera visibilidad. Por eso equilibrar la inversión no es una recomendación teórica, sino una necesidad operativa.

Cuando la sostenibilidad pisa tierra: Alicante Renace

Alicante Renace, nacido en 2014 y constituido como asociación en 2020, ofrece un modelo alternativo. Más de treinta mil árboles y arbustos plantados. Veintidós hectáreas en proceso de recuperación. Dieciocho mil quinientas cuarenta y seis personas voluntarias implicadas. Dos campañas de reforestación al año. Once empresas participantes. Tres centros educativos. Cuatro municipios adheridos.

Las actuaciones se desarrollan en Monte Orgegia, El Palamó, Sierra del Porquet, Cala Cantalar, Las Puntas de Gosálvez, las Salinas de Calpe y Barranc Blanc. Se implantan especies mediterráneas adaptadas al clima local como pino carrasco, coscoja, algarrobo, romero, lavanda, esparto, adelfa y efedra. Es territorio, no teoría. Es restauración, no relato.

El proyecto cuenta con apoyo institucional y mantenimiento garantizado mediante riego por goteo. Además, ha consolidado un eje cultural propio con EXPOFOTO, que suma diez ediciones y conecta arte, territorio y ciudadanía.

Un proyecto ambiental que también construye comunidad

Alicante Renace no es únicamente un programa de restauración ambiental. Es también un motor de cohesión social que une a entidades muy diversas en torno a un objetivo común: regenerar nuestro territorio desde la inclusión. A lo largo del último año han participado asociaciones como APSA, SOMLLAR, Aripi, Fundación Amigó, Cruz Roja, APOL, AEBHA, Greenpeace, Nomadway, AMPA de la Escuela Europea y otras organizaciones que trabajan día a día por la integración, el apoyo comunitario y el bienestar de colectivos vulnerables. Su presencia convierte cada jornada en un espacio de convivencia donde personas con distintas capacidades, edades y orígenes colaboran en igualdad, reforzando vínculos sociales mientras contribuyen a la salud del entorno. Gracias a ellas, Alicante Renace demuestra que la sostenibilidad no es solo ambiental, también es humana, y que restaurar un paisaje siempre implica, al mismo tiempo, fortalecer una comunidad.

Concienciar sí, conformarnos con concienciar no

Los discursos son necesarios porque ayudan a despertar interés y a generar cultura ambiental. Pero no podemos permitirnos confundir una charla inspiradora con una mejora real del territorio. Hablar no restaura el suelo. Explicar no aumenta la biodiversidad. Sólo la combinación equilibrada de concienciar y actuar genera una sostenibilidad seria y creíble.

Quien quiera comprobarlo puede visitar alicantenace.es, participar en las próximas campañas o recorrer cualquiera de las zonas restauradas. Allí está la sostenibilidad que deja huella. No la que se anuncia, sino la que se toca. Ahí empieza la diferencia.